Sus películas como *Above the Law* y *Hard to Kill* recaudaban millones, y su presencia parecía destinada a marcar una nueva era en Hollywood.
Sin embargo, lo que parecía un ascenso imparable terminó convirtiéndose en una caída estrepitosa, marcada por controversias, malas decisiones y un ego incontrolable.
Steven Seagal no era un actor común. Antes de debutar en la pantalla grande, había alcanzado un nivel impresionante en aikido, con un cinturón negro séptimo Dan, algo que pocos logran.
Su aura de calma y peligro silencioso lo hacía destacar en cualquier escena.
Su debut como protagonista llegó en 1988 con *Above the Law*, dirigida por Andrew Davis, donde mostró una intensidad estoica que cautivó a críticos y público por igual.
La taquilla respondió con fuerza y Seagal rápidamente se convirtió en uno de los héroes de acción más intrigantes de Hollywood.
Durante los primeros años de los 90, sus películas *Hard to Kill* y *Marked for Death* debutaron en primer lugar, consolidando su estatus.
Su fórmula era sencilla: thrillers intensos de venganza, con un héroe silencioso y letal que imponía justicia sin rodeos.
En 1992, alcanzó el punto más alto de su carrera con *Under Siege*, que no solo fue un éxito comercial sino que también recibió nominaciones al Óscar, un logro poco común para una película de acción protagonizada por alguien sin fama de gran actor.
El éxito de Seagal parecía imparable, pero en 1994 decidió dar un giro inesperado y dirigir su propia película, *On Deadly Ground*.
Este proyecto buscaba transmitir un mensaje sobre espiritualidad, medio ambiente y los peligros de las corporaciones petroleras.
Sin embargo, el público no estaba preparado para una película de acción que se convirtiera en una larga lección moral.
El clímax de la película, en el que Seagal pronuncia un extenso monólogo sobre la contaminación y la codicia, fue recibido con confusión y rechazo.
Los críticos destrozaron la cinta y la taquilla quedó muy por debajo de las expectativas.
Además, Seagal fue galardonado con el premio Golden Raspberry a peor director, una caída brutal para alguien que apenas dos años antes encabezaba una película nominada al Óscar.
Este fue el momento en que la industria dejó de verlo como una estrella confiable y comenzó a distanciarse de él.
Su ego, más que su talento, empezó a dictar su carrera, y Hollywood no perdona cuando una figura se pierde en su propia mitología.
Mientras su carrera en pantalla comenzaba a decaer, comenzaron a surgir rumores y denuncias que empañaron aún más su imagen pública.
En 1991, tres empleadas de Warner Bros lo acusaron de acoso sexual.
Con el tiempo, más mujeres salieron a contar experiencias similares, como Jenny McCarthy, quien relató que Seagal le exigió desnudarse durante una audición, y la actriz Poria de Rossy, que denunció un acoso explícito.
Pero no solo las mujeres hablaron. Especialistas en escenas de acción y actores también denunciaron su comportamiento abusivo y agresivo en los sets.
Kane Hodder, famoso por interpretar a Jason en *Viernes 13*, acusó a Seagal de golpear intencionalmente a los dobles durante las peleas.
Otros colegas confirmaron que Seagal tenía fama de ser difícil y peligroso de tratar.
Estas historias se sumaron a una imagen de Seagal como alguien poco profesional, egoísta y problemático, lo que llevó a que la industria se alejara de él.
Después del fracaso de *On Deadly Ground*, Seagal intentó regresar al éxito con *Under Siege 2: Dark Territory* en 1995.
Aunque la película recaudó alrededor de 100 millones de dólares, fue vista como un paso atrás en comparación con la original.
La crítica la calificó de predecible y sin la magia que había hecho popular a Seagal.
En 1996, su papel en *Executive Decision* fue breve y humillante, muriendo en los primeros minutos del filme, dejando el protagonismo a Kurt Russell.
Ese mismo año protagonizó *The Glimmer Man*, que fracasó en conectar con el público y fue considerada aburrida y sin vida.
Su siguiente película, *Fire Down Below* (1997), se convirtió en el último clavo en el ataúd de su carrera en la gran pantalla.
La cinta fue destrozada por la crítica y el público la evitó.
Seagal incluso fue nominado a varios premios Razzie, incluyendo peor actor y peor canción original, pues cantaba en la película.
Para finales de los 90, el reinado de Seagal como estrella de acción había terminado.
Su película *The Patriot* ni siquiera se estrenó en cines en Estados Unidos, siendo lanzada directamente en video.
Tras un silencio de tres años, Seagal regresó en 2001 con *Exit Wounds*, que tuvo un desempeño decente en taquilla y dio esperanzas a sus seguidores.
Sin embargo, su siguiente película, *Half Past Dead* (2002), fue un desastre comercial y crítico, marcando el fin de su estrellato en Hollywood.
A partir de entonces, Seagal se volcó al mercado de películas directas a video, produciendo cintas de bajo presupuesto, con tramas genéricas y títulos intercambiables.
Se decía que apenas aparecía unos días en los rodajes, dejando la mayor parte del trabajo a dobles y suplentes.
Sus estrenos se acumulaban en las secciones de ofertas de tiendas como Blockbuster, y su nombre dejó de ser sinónimo de calidad o éxito.
Hubo una excepción en 2010, cuando interpretó al villano en *Machete* de Robert Rodríguez, un papel secundario que le devolvió brevemente la atención del público.
A medida que su carrera cinematográfica se desvanecía, la vida personal de Seagal también se complicaba.
Su aumento de peso y declive físico le impedían replicar la agilidad y presencia marcial que lo caracterizaron.
Los críticos notaban que usaba dobles incluso para escenas simples, y los fans luchaban por reconciliar al maestro de aikido con la figura lenta que veían en pantalla.
Intentó reinventarse a través de la música, lanzando álbumes de blues y haciendo giras con su banda, aunque los críticos fueron poco amables.
También protagonizó un reality show, *Steven Seagal: Lawman* (2009), donde trabajaba como ayudante del sheriff en Luisiana, pero este proyecto estuvo marcado por controversias y acusaciones de mala conducta.
En años recientes, Seagal se ha alejado aún más de Hollywood, enfocándose en la política y relaciones internacionales.
Cultivó vínculos con líderes controvertidos, como Vladimir Putin, quien le otorgó la ciudadanía rusa en 2016.
Seagal se convirtió en embajador cultural en Moscú, promoviendo eventos de artes marciales y opinando sobre las relaciones entre Estados Unidos y Rusia.
Estas acciones lo distanciaron aún más del público estadounidense, donde su reputación ya estaba dañada.
Su último papel acreditado fue en 2019, y desde entonces ha permanecido alejado de la industria del entretenimiento.
La historia de Steven Seagal es una advertencia sobre cómo el talento y el éxito pueden ser destruidos por el ego, las malas decisiones y la falta de adaptación.
Tenía todo para ser una leyenda junto a Stallone y Schwarzenegger, pero su negativa a evolucionar, a reírse de sí mismo o a asumir riesgos fuera de su zona de confort, lo condenó a un declive prolongado.
Sus escándalos personales, problemas legales, comportamiento abusivo y la caída en la calidad de sus producciones sellaron su destino.
Hoy, Seagal es recordado más como una figura polémica y un ejemplo de caída estrepitosa que como el héroe de acción que alguna vez fue.