El hallazgo de cuatro cuerpos en un predio perteneciente a la familia del diputado Carlos Tafoya encendió un incendio político en el momento más delicado, justo cuando la viuda Grecia Quiroz ascendía con una velocidad inusual en la escena pública de México.
La rapidez de sus decisiones, sumada a la cercanía cada vez más evidente con Tafoya, ha abierto un debate nacional: ¿la muerte del alcalde Carlos Manso fue el final de una tragedia o el inicio de una reconfiguración de poder que estaba en marcha desde antes?
Apenas cuarenta y ocho horas después del asesinato de su esposo, Grecia asumió la alcaldía de Uruapan sin pasar por ningún proceso electoral.
Quince días más tarde presentó solicitudes para registrar dos marcas cargadas de simbolismo político: “El Movimiento del Sombrero” y “Carlos Manso”.

La urgencia de estos movimientos se produjo mientras la investigación del asesinato aún no aclaraba responsabilidades y mientras figuras clave del entorno de Manso seguían siendo interrogadas.
Más sorprendente aún fue que, a solo un mes de la muerte del alcalde, ella ya se proyectaba públicamente hacia la gubernatura de Michoacán y, más tarde, hacia la Presidencia de la República.
Lo más llamativo es que tales ambiciones no fueron anunciadas por la propia Grecia sino por el diputado Carlos Tafoya. En entrevistas y declaraciones públicas, fue él quien habló de los objetivos de la viuda, quien la defendió con vehemencia y quien llevó la narrativa hacia un terreno político mayor.
Su papel se percibe tan determinante que analistas y conductores han comenzado a preguntarse si actúa como asesor, como estratega o incluso como el arquitecto de un plan que excede las decisiones personales de Grecia.

Las sospechas crecieron cuando se confirmó que en un predio familiar de Tafoya se habían encontrado cuatro cuerpos enterrados entre uno y dos años atrás.
Él aseguró que el terreno estaba cedido en comodato a la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo para estudios biológicos y que meses antes ya se había hallado una osamenta, razón por la cual contactó a colectivos de “madres buscadoras”.
Sin embargo, el descubrimiento de más restos humanos en pleno momento de tensión política colocó al diputado en el centro de un torbellino mediático y judicial.
Tafoya acusó al gobierno de desinformar, pero la pregunta pública va mucho más allá: ¿por qué un político con un predio donde aparecen cuerpos se ha convertido en la principal figura que impulsa la nueva carrera política de la viuda de un alcalde asesinado?

El desconcierto crece aún más al observar la estrategia de Grecia Quiroz después del crimen. No ha exigido con fuerza la captura de los responsables directos ni ha insistido en investigar a los grupos delictivos que Manso combatía.
En lugar de ello, ella y su equipo concentran sus ataques contra Morena y contra la presidenta Claudia Sheinbaum.
Según analistas, esta estrategia parece diseñada para sembrar tensión social y facilitar la entrada del PRIAN y de otros actores poderosos, incluido el empresario Ricardo Salinas Pliego, en una campaña de desestabilización simbolizada por los sombreros pintados en las calles.
En este clima ya inflamado, Tafoya añadió gasolina al fuego. Cuestionó públicamente a la presidenta Sheinbaum, insinuando que su silencio ante el ataque a Grecia equivalía a violencia.

Y elevó aún más el tono al lanzar una advertencia directa contra el senador Gerardo Fernández Noroña, diciéndole “al tiro con este compadre”, una frase interpretada como amenaza.
La contradicción es evidente: ¿cómo puede un político involucrado en un predio con cuerpos enterrados posicionarse como defensor central de una figura que emerge justo tras un asesinato político?
El caso de Carlos Manso ya no parece una tragedia aislada. Se ha transformado en un laberinto donde emergen símbolos, ambiciones y alianzas que avanzan con demasiada sincronía.
Marcas registradas a velocidad inusual, ambiciones declaradas por terceros, cuerpos ocultos bajo la tierra y una narrativa que se despliega como si respondiera a un guion previamente escrito.
La pregunta, cada vez más inquietante, es si todo esto forma parte de una búsqueda de justicia o si representa la reorganización de un poder que Manso, en vida, pudo haber obstaculizado.