Nadie imaginó que una joven que creyó poder cambiar su destino con un corrido terminaría convertida en
el centro de uno de los relatos más polémicos y perturbadores de Culiacán a comienzos de 2026.
La Nicholette, influencer con cientos de miles de seguidores, desapareció tras un secuestro a plena luz del día. Desde entonces, una pregunta persiste en México y en las redes de toda América Latina: ¿se trata de una tragedia personal o del precio inevitable de haber apostado la fama a decisiones peligrosas?
Nicole nació y creció en Phoenix, Arizona, dentro de una familia con raíces profundas en El Salado, una comunidad de Culiacán, Sinaloa.

Ese vínculo familiar la llevó a moverse constantemente entre Estados Unidos y México, alimentando una sensación de pertenecer a dos mundos sin sentirse completamente parte de ninguno.
Desde muy joven expresó su deseo de ser conocida. Para ella, la visibilidad no era solo reconocimiento, sino una vía de escape de una vida ordinaria que consideraba insuficiente.
En 2018, con el auge de las redes sociales, abrió su canal personal de YouTube y comenzó a publicar vlogs sobre su día a día, su familia y sus estancias en Culiacán.
Al inicio, la audiencia era reducida, pero Nicole insistió. Comprendía una idea común entre muchos jóvenes de su generación: si no se tiene un talento extraordinario, hay que crear un golpe de efecto capaz de atraer al público y a los algoritmos.
Ver detalles aquí: El final oscuro de La Nicholette: del sueño de fama en redes al misterio de su desaparición en Sinaloa

Ese golpe llegó cuando cumplió 17 años. En lugar de una fiesta de cumpleaños, decidió invertir alrededor de 6.500 dólares en un corrido hecho a su medida titulado La muchacha del salado. Interpretado por Grupo Arriesgado, el tema se difundió con rapidez en el entorno musical local.
El corrido, género históricamente ligado a relatos de poder, dinero y mundo criminal, situó a Nicole en un espacio cultural tan atractivo como riesgoso. Ella misma reconoció que prefería una canción a una celebración, convencida de que la fama duraría más que cualquier fiesta.
Tras el lanzamiento, el nombre de La Nicholette comenzó a circular con mayor fuerza. Expandió su presencia a TikTok y Twitch, donde proyectó la imagen de una joven segura, provocadora y rodeada de lujos.
También incursionó en plataformas de contenido de pago, transformando la atención en ingresos constantes.

Sin embargo, a medida que crecía su popularidad, aumentaban también las preguntas sobre las personas y entornos que la rodeaban.
Nicole aparecía con frecuencia junto a otros influencers de Culiacán, algunos de ellos vinculados por rumores al crimen organizado.
Videos, fotografías y comentarios ambiguos en transmisiones en vivo alimentaron especulaciones constantes.
Aunque nunca surgieron pruebas legales concluyentes, la figura de La Nicholette comenzó a asociarse con una forma de poder informal que generaba fascinación y temor a partes iguales.
Sus negocios reforzaron esa percepción. El café Lía Lattes se volvió popular entre jóvenes por su estética moderna.

La tienda Nicolet Cap, dedicada a gorras y accesorios, se convirtió en punto de encuentro para seguidores.
No obstante, la venta pública de productos con símbolos relacionados con la organización de Mayo Zambada traspasó la línea de lo meramente comercial. Para muchos, aquello ya no era estilo, sino una normalización del imaginario criminal.
Al mismo tiempo, Nicole exhibía una vida de lujo que parecía inalcanzable para la mayoría. Viajes frecuentes, artículos de alta gama y la ostentación de un Cybertruck valuado en más de dos millones de pesos la consolidaron como símbolo de riqueza repentina.
En una región donde la desigualdad sigue siendo marcada, esa exhibición intensificó las dudas sobre el origen real de sus recursos.
Ante la presión mediática, Nicole negó reiteradamente cualquier relación directa con la familia Zambada. Aseguró que sus padres eran comerciantes de comida, personas comunes.

Sin embargo, los rumores sobre una relación sentimental con Alfonso Peralta Medina, conocido como el P1 o Ponchito de la Lima, continuaron circulando sin confirmación, empujando su nombre cada vez más hacia una zona de alto riesgo.
La tarde del 20 de enero de 2026 marcó el punto de quiebre. Alrededor de las tres de la tarde, en Isla Musala, Culiacán, Nicole fue secuestrada cuando se disponía a subir a su vehículo.
Las cámaras del automóvil captaron el momento en que fue interceptada y obligada a abandonar el lugar. El video se difundió con rapidez y conmocionó a la opinión pública.
Tras el hecho, surgieron múltiples hipótesis. Algunas fuentes señalaron a La Chapiza como responsable, en medio de tensiones internas entre facciones criminales. Otras apuntaron a Armando Parra, alias el vagre, integrante del grupo miza.

Memito Ochoa, amigo cercano de Nicole, hizo llamados públicos para que la liberaran y sugirió la posible implicación de el P1 o de personas cercanas a Rut. Cada versión reflejaba la complejidad y brutalidad del entorno al que Nicole habría estado demasiado expuesta.
Hasta hoy, el paradero de La Nicholette sigue sin confirmarse. Fuentes no oficiales sostienen que la historia pudo haber terminado de forma trágica, como resultado de conflictos sentimentales o ajustes internos.
Sea cual sea la verdad, el caso se ha convertido en un espejo incómodo del lado oscuro de la fama en la era digital.
De una joven con el sueño de ser vista, La Nicholette pasó a representar el riesgo de cruzar fronteras invisibles entre el entretenimiento y el crimen.
Su final oscuro, de confirmarse, no sería solo una tragedia individual, sino una advertencia severa sobre el precio que se paga cuando la fama se construye sobre vínculos peligrosos en un mundo que no concede segundas oportunidades.