La muerte de Abraham Quintanilla no ocurrió bajo los reflectores ni estuvo acompañada de fríos comunicados médicos. Sin embargo, ese silencio fue precisamente lo que encendió las preguntas.
Por qué un hombre conocido por su fortaleza, disciplina y control absoluto decidió partir de una forma tan discreta.
Y por qué ahora, después de años evitando a la prensa, su hijo Aby Quintanilla decidió hablar.
Abraham Quintanilla falleció a los 86 años, según confirmó su familia. Contra muchas especulaciones, no padecía una enfermedad terminal, no estuvo hospitalizado ni permanecía postrado en cama.

De acuerdo con Aby, su padre llevaba una vida tranquila, alejada del público, tal como lo había hecho durante décadas tras la muerte de Selena. Su partida fue repentina, sin advertencias claras, sin señales que anticiparan el final.
La mañana de ese día, Aby acudió a visitarlo como de costumbre. La casa estaba inusualmente silenciosa. Al entrar en la habitación, encontró a su padre inconsciente.
No hubo pedidos de ayuda, no hubo lucha visible contra la enfermedad. Un final sereno para una vida marcada por conflictos, sacrificios y controversias. Ese silencio, precisamente, fue el origen de los rumores y también la razón por la que Aby decidió romperlo.
Según relató, en los últimos días Abraham mostraba cambios difíciles de explicar. Hablaba de Selena con mayor frecuencia, no desde la nostalgia habitual, sino con una emoción distinta.

Decía haberla soñado, haber escuchado su voz, sentirla cerca. Para la familia eran experiencias íntimas. Para el público, al conocerse tras su muerte, se convirtieron en materia de especulación espiritual.
Una frase de Abraham quedó grabada en la memoria de su hijo. “Creo que Selena vino a buscarme”. No fue una expresión de miedo ni de tristeza.
Aby asegura que su padre lo dijo con una calma desconcertante, como alguien que acepta un destino inevitable. Esa serenidad alimentó la idea de que Abraham intuía su final.
La familia Quintanilla eligió despedirse en privado. El funeral se realizó de manera íntima, solo con familiares y amigos cercanos. No hubo cámaras ni declaraciones públicas.
Aby fue claro al explicar que no querían convertir la despedida de su padre en un espectáculo mediático, especialmente cuando su vida ya había estado demasiado tiempo bajo la lupa.

Abraham Quintanilla siempre fue una figura que dividió opiniones. Para muchos seguidores de Selena, fue el padre que lo arriesgó todo para impulsar a su hija desde pequeños escenarios de la comunidad mexicoamericana en Texas hasta convertirla en un ícono de la música latina.
Para sus críticos, fue un hombre controlador, rígido, con una influencia excesiva sobre la vida personal y profesional de Selena.
Antes de convertirse en su mánager, Abraham fue un músico que no logró el reconocimiento esperado. Ese fracaso personal marcó su carácter y lo llevó a volcar todas sus aspiraciones en el talento de su hija.
Supervisó cada contrato, cada presentación y cada decisión importante. Esa disciplina fue clave para el éxito de Selena, pero también sembró una polémica que persiste hasta hoy.
Tras el asesinato de Selena en 1995, quienes lo conocieron aseguran que una parte de Abraham se quebró para siempre.

Se retiró aún más del ojo público, pero nunca abandonó la defensa del legado de su hija. Museos, proyectos musicales, derechos de imagen y archivos personales quedaron bajo su custodia. Para él, no era solo trabajo, era una misión.
Por eso, su muerte es vista por muchos como el cierre de una era. El último guardián del recuerdo de Selena ya no está. Al hablar, Aby no intentó mitificar a su padre ni negar las controversias.
Simplemente relató los hechos, con un tono sobrio, dejando claro que Abraham fue, ante todo, un hombre que vivió y murió marcado por el amor y la ausencia de su hija.
La reacción del público sigue dividida. Algunos encuentran consuelo en la idea de una despedida en paz, otros mantienen sus dudas y críticas.
Pero incluso quienes lo cuestionan reconocen que Abraham Quintanilla es una figura imposible de ignorar en la historia de la música latina.
Abraham se fue en silencio, pero su historia continúa resonando. Y tal vez sea ese silencio final el que mantenga vivo el debate, la curiosidad y la memoria de un hombre inseparable del nombre de Selena.