La historia del fútbol mexicano está escrita con letras de oro, pero también con capítulos de profunda oscuridad que sirven como advertencia para las generaciones venideras. Pocos relatos son tan contrastantes como el de Pablo Larios Iwasaki, el hombre que tocó el cielo con las manos en el Estadio Azteca durante el Mundial de 1986 y que, años más tarde, descendió a un infierno personal del que nunca pudo escapar completamente. Esta no es solo la crónica de un deportista; es la confirmación de cómo la falta de atención a la salud mental y las adicciones pueden cobrar las consecuencias más altas, incluso para aquellos que parecían invencibles.
El vuelo del Arquero de la Selva
Para entender la magnitud de la caída, primero es necesario dimensionar la altura del vuelo. Pablo Larios no era un portero común. Nacido en Zacatepec, Morelos, llevaba en la sangre una mezcla cultural única: la disciplina de su ascendencia japonesa y la pasión desbordada de su tierra mexicana. Desde sus inicios, Larios desafió los cánones de la portería. No era el guardameta que esperaba bajo los tres palos; era un líbero adelantado, un acróbata que arriesgaba el físico en cada salida por aire.
Su estilo suicida y espectacular le valió el apodo del “Arquero de la Selva”. Su capacidad para “volar” de poste a poste y su seguridad con el balón en los pies lo convirtieron en el titular indiscutible de la Selección Mexicana dirigida por Bora Milutinovic en 1986. En aquel entonces, Larios era la imagen del éxito. Tenía fama, el reconocimiento de la afición y un futuro que prometía contratos millonarios.
Sin embargo, la presión de ser el guardián del arco nacional es una carga que pocos pueden sostener sin grietas. Detrás de la figura pública, del ídolo que firmaba autógrafos y llenaba estadios, existía un ser humano vulnerable que comenzaba a sentir el peso asfixiante de la expectativa pública.
El punto de quiebre: La Copa Oro y el inicio de la pesadilla
El año 1991 marcó un hito en su carrera, pero también el inicio de su declive personal. Durante la Copa Oro de la CONCACAF, Larios fue fundamental para que México levantara el trofeo. Su actuación fue heroica, deteniendo penales y mostrando una seguridad que intimidaba a los rivales. Pero fuera de la cancha, la realidad era otra.
Según relataría él mismo años después en entrevistas que estremecieron al país, fue en esa época cuando comenzó su coqueteo con la cocaína. Lo que inició como una “vía de escape” para controlar la ansiedad y los nervios previos a los partidos de alta tensión, se transformó rápidamente en una necesidad fisiológica y emocional. La droga le ofrecía una falsa sensación de control, una euforia artificial que sustituía la adrenalina del juego cuando el árbitro pitaba el final del encuentro.
La adicción es un enemigo silencioso. Al principio, Larios lograba mantener las apariencias. Entrenaba, jugaba y cumplía. Pero la sustancia es celosa y exigente. Poco a poco, su rendimiento comenzó a ser irregular. Las llegadas tarde a los entrenamientos, los cambios bruscos de humor y una mirada que perdía brillo comenzaron a alertar a sus compañeros en equipos como Cruz Azul, Puebla y Toros Neza.
De la cocaína al crack: La desfiguración del ídolo
La tragedia de Pablo Larios se agudizó cuando su consumo escaló a sustancias más destructivas. La transición de la cocaína al crack fue el golpe de gracia para su estabilidad. Esta droga, altamente adictiva y dañina, no solo consumió sus finanzas y sus relaciones personales, sino que comenzó a devorar su físico.
Uno de los episodios más impactantes y tristes en la vida del exarquero fue la infección que sufrió en el rostro. Durante años, la opinión pública especuló sobre la causa de la deformación de su nariz y pómulos. Larios, en un acto de valentía brutal, confesó que si bien no perdió la nariz por inhalar directamente, el consumo crónico de drogas debilitó su sistema inmunológico a tal grado que una bacteria contraída pudo avanzar sin resistencia, carcomiendo el cartílago y desfigurando su rostro.
Ver a Pablo Larios en sus últimas apariciones públicas era doloroso para la afición. Aquel rostro que había aparecido en portadas de revistas y álbumes de estampas ahora mostraba las cicatrices visibles de una guerra interna perdida. Se sometió a más de veinte cirugías reconstructivas, intentando recuperar no solo su apariencia, sino su dignidad.
Las tragedias familiares y la soledad
Como si la lucha contra las adicciones no fuera suficiente castigo, la vida golpeó a Larios donde más duele: la familia. La muerte de sus padres fue un duro golpe, pero la pérdida de su hijo Yoshio fue el evento que terminó por quebrar su espíritu.
Yoshio Larios intentó cruzar la frontera hacia Estados Unidos para encontrarse con su novia, pero nunca llegó a su destino. Su fallecimiento, sumado a la posterior muerte de su otro hijo a causa de complicaciones de salud, sumió al arquero en una depresión profunda. La tristeza se convirtió en el caldo de cultivo perfecto para las recaídas. Pablo Larios se quedó solo. El dinero que había ganado en sus años de gloria se esfumó en vicios y malos manejos. Pasó de vivir en la opulencia a habitar cuartos modestos, dependiendo en muchas ocasiones de la caridad de amigos y excompañeros que no lo abandonaron.
El intento final de redención
Hacia el año 2016, Pablo Larios intentó dar un giro a su vida incursionando en la política. Se postuló para un cargo público en Guadalajara con una plataforma honesta y dolorosa: la prevención de adicciones. Quería usar su historia, su “verdad que nunca contó” en su totalidad durante sus años activos, para evitar que los jóvenes cayeran en el mismo abismo.
Aunque su campaña no tuvo el éxito electoral esperado debido a la falta de maquinaria política y recursos, el mensaje quedó claro. Larios ya no escondía sus demonios; los exhibía como cicatrices de batalla para advertir a otros. Su discurso no era el de un político, sino el de un sobreviviente que sabía que su tiempo se agotaba.
El desenlace fatal
El 31 de enero de 2019, la noticia sacudió a México. Pablo Larios Iwasaki había fallecido a los 48 años en la ciudad de Puebla. La causa oficial fue una oclusión intestinal y un paro respiratorio, complicaciones derivadas de años de maltrato a su organismo.
Su funeral fue una mezcla de homenaje y reflexión. Excompañeros de la Selección del 86, directivos y aficionados se reunieron para despedirlo. Se habló de sus atajadas, de su valentía en el área chica y de su legado deportivo. Pero en el ambiente flotaba la ineludible lección de su vida personal.
Consecuencias de una vida al límite
La historia de Pablo Larios es la confirmación de que el talento no es un escudo contra la autodestrucción. Su vida sirve como una advertencia cruda sobre las consecuencias de las adicciones en el deporte de alto rendimiento, un tema que a menudo se barre bajo la alfombra.
Hoy, Larios es recordado con cariño, pero su biografía es un recordatorio constante de la fragilidad humana. El “Arquero de la Selva” ganó muchos partidos, pero perdió el más importante contra sí mismo. Su legado, más allá de los trofeos, es esta historia verídica y dolorosa que nos obliga a mirar más allá del futbolista y ver a la persona que sufre en silencio.
Preguntas Frecuentes (FAQs)
¿En qué equipos jugó Pablo Larios en Primera División? Pablo Larios debutó con el Zacatepec en 1980. Posteriormente, su carrera lo llevó a defender las porterías de Cruz Azul, Puebla (donde fue campeón) y Toros Neza, equipo con el que tuvo un resurgimiento popular en los años 90.
¿Qué le pasó exactamente en la cara a Pablo Larios? Larios sufrió una infección bacteriana severa en la nariz y los pómulos. Aunque se especuló mucho, él aclaró que la infección se agravó debido a que su sistema inmunológico estaba muy debilitado por el consumo de sustancias, lo que requirió múltiples cirugías reconstructivas.
¿Cuál fue el mayor logro deportivo de Pablo Larios? Su mayor logro a nivel de clubes fue el campeonato de liga con el Puebla en la temporada 1989-1990. A nivel internacional, fue el portero titular de la Selección Mexicana en el Mundial de 1986, donde el equipo alcanzó los cuartos de final, el famoso “quinto partido” que se definió en penales contra Alemania.
¿De qué murió Pablo Larios? Falleció el 31 de enero de 2019 debido a una oclusión intestinal que se complicó y derivó en un paro respiratorio. Fue ingresado de urgencia en un hospital de Puebla, pero los médicos no pudieron salvarle la vida debido al deterioro de su organismo.
¿Tuvo Pablo Larios descendencia en el fútbol? Sí, su hijo Pablo Larios Jr. intentó seguir sus pasos en el fútbol, aunque no alcanzó la misma notoriedad mediática que su padre. La familia se mantuvo vinculada al deporte, honrando la memoria del arquero en diversos homenajes póstumos.