Una sola frase bastó para dejar en silencio a toda la sala del tribunal. Cuando el juez pidió al acusado confirmar su identidad, el joven señalado por el asesinato de dos hermanas en Malambo respondió algo que nadie esperaba escuchar.
Dijo que no sabía su número de documento porque, según sus propias palabras, nunca fue registrado al nacer ni tampoco fue bautizado.
La declaración, tan breve como desconcertante, encendió inmediatamente el debate en Colombia y abrió nuevas preguntas sobre quién es realmente el sospechoso y qué ocurrió en las horas previas a uno de los crímenes más impactantes registrados durante el Carnaval de Barranquilla.

La tragedia comenzó la noche del martes de Carnaval, una de las jornadas más intensas de las celebraciones en Barranquilla. Mientras miles de personas llenaban las calles con música, desfiles y fiestas, en el barrio Revolo se desarrollaba una historia muy distinta.
Según las primeras líneas de investigación, las hermanas Sheridan Sofía, de 14 años, y Keyla Nicole, de 17, fueron invitadas a una reunión por un joven que mantenía una relación sentimental con una de ellas. Todo indicaba que sería un encuentro común entre adolescentes del sector.
Sin embargo, el ambiente cambió de forma abrupta durante la reunión. De acuerdo con investigadores del caso, uno de los presentes tomó el celular de una de las jóvenes y revisó su contenido. Ese gesto aparentemente simple habría desencadenado el conflicto.
En el teléfono se habrían encontrado mensajes o información que generaron tensión entre los presentes. Las autoridades sospechan que esos contenidos podrían estar relacionados con disputas entre grupos criminales locales que operan en la zona.

A partir de ese momento, la situación habría escalado rápidamente. Las dos hermanas quedaron retenidas en contra de su voluntad. Mientras ellas permanecían incomunicadas, su madre comenzó a recibir llamadas de personas desconocidas. En esas comunicaciones le exigían dinero a cambio de la liberación de sus hijas.
La cifra inicial fue de 50 millones de pesos. Para una familia común de la región, esa cantidad resultaba prácticamente imposible de reunir en poco tiempo. Con el paso de las horas, el monto exigido empezó a disminuir de manera constante.
Investigadores explican que esta estrategia suele utilizarse para generar desesperación en las víctimas y presionar emocionalmente a las familias. El objetivo no siempre es obtener el dinero, sino mantener el control psicológico de la situación mientras el crimen se desarrolla.
Durante esos días, la familia de las jóvenes se aferró a la esperanza de que ambas siguieran con vida. Sin embargo, la historia tomó un giro devastador pocos días después.

El 28 de febrero, autoridades hallaron dos cuerpos enterrados en una zona apartada de Malambo, municipio que forma parte del área metropolitana de Barranquilla. El lugar del hallazgo era un terreno solitario y de difícil acceso, lo que retrasó el descubrimiento de los restos.
El estado de los cuerpos complicó el proceso de identificación. Los especialistas forenses debieron realizar varios procedimientos antes de confirmar oficialmente la identidad de las víctimas.
Finalmente, el 2 de marzo, las autoridades confirmaron que los cuerpos correspondían a Sheridan Sofía y Keyla Nicole. La identificación fue posible gracias a características físicas específicas y especialmente a tatuajes que las jóvenes tenían en la piel.
La noticia provocó una fuerte reacción en Barranquilla y en toda la región Caribe colombiana. Muchas personas expresaron su indignación al saber que un crimen tan brutal había ocurrido en medio de las celebraciones del Carnaval.
Cada año, este evento cultural reúne a miles de personas y simboliza alegría, tradición y orgullo regional. Esta vez, sin embargo, la fiesta quedó marcada por el dolor y la conmoción.
La investigación avanzó rápidamente y llevó a la captura de Juan David Taboada Olivares, de 19 años, conocido con el alias de “Tata”.

Según fuentes cercanas al caso, las autoridades reunieron diversos elementos probatorios que lo vincularían con los hechos. Entre ellos se encuentran conversaciones por mensajes y un video que ha sido considerado clave por los investigadores.
En ese video, según informes preliminares, se observaría a otro adolescente de 17 años disparando contra Sheridan Sofía. Las autoridades intentan determinar el grado de participación de cada persona involucrada en el crimen.
Durante la audiencia inicial, “Tata” negó cualquier responsabilidad en el asesinato. Pero fue precisamente en ese momento cuando surgió el detalle que más sorprendió a la opinión pública.
Al ser interrogado sobre su identidad y sus datos personales, el joven afirmó que no conocía su número de documento porque nunca había sido registrado oficialmente al nacer.
Esa afirmación generó nuevas preguntas. En algunas zonas de Colombia todavía existen casos de personas que no fueron registradas inmediatamente después de nacer, especialmente en comunidades con altos niveles de pobreza.

Sin embargo, resulta inusual que un joven de 19 años no tenga registro civil ni información clara sobre su identidad legal.
La referencia a que tampoco fue bautizado también llamó la atención. En un país donde la tradición católica está profundamente arraigada, la declaración despertó curiosidad sobre la historia familiar y el entorno social del acusado.
Mientras tanto, el proceso judicial continúa avanzando. Los investigadores siguen recopilando pruebas y testimonios para reconstruir con precisión lo que ocurrió durante la noche en que desaparecieron las hermanas.
La defensa de “Tata” presentó una solicitud que también generó debate. Los abogados pidieron que se considere la aplicación de un modelo de justicia restaurativa en lugar de una condena de prisión tradicional. Argumentan que el acusado creció en condiciones sociales extremadamente difíciles y sin acceso a estructuras básicas de apoyo.

La propuesta provocó reacciones inmediatas en la opinión pública. Muchas personas consideran que la gravedad del crimen exige una respuesta judicial contundente. Otros sectores sostienen que la violencia que afecta a ciertos barrios no puede entenderse sin analizar las profundas desigualdades sociales que existen en esas comunidades.
Para la familia de Sheridan Sofía y Keyla Nicole, sin embargo, esas discusiones parecen quedar en segundo plano frente al dolor de la pérdida. Las dos hermanas se han convertido en símbolo de una generación de jóvenes que crece en entornos donde la violencia puede irrumpir de forma inesperada.
Mientras el proceso judicial avanza, aún quedan muchas preguntas sin respuesta. ¿Qué ocurrió exactamente durante aquella reunión en el barrio Revolo? ¿Qué información contenía el celular que desató el conflicto? ¿Quién tomó las decisiones que terminaron en la muerte de las dos adolescentes?
Por ahora, la ciudad de Barranquilla sigue intentando comprender cómo una noche de Carnaval terminó convertida en una tragedia.
Y en medio de todas las incógnitas, la extraña frase pronunciada por el sospechoso en el tribunal continúa resonando en la opinión pública, alimentando el misterio que rodea uno de los casos más impactantes del año.