Hay videos que no solo registran un accidente. Se convierten en prueba, en memoria colectiva y también en una pregunta sin respuesta.
El material audiovisual del accidente aéreo que causó la muerte de Yeison Jiménez está sacudiendo a Colombia no solo por su crudeza, sino porque obliga al país entero a enfrentar una verdad dolorosa: la muerte, muchas veces, no llega por destino, sino por errores humanos.
De acuerdo con la información confirmada, el accidente ocurrió alrededor de las 4:10 de la tarde del 10 de enero de 2026.

El avión privado apenas llevaba menos de un minuto en el aire cuando se precipitó contra el suelo, a una distancia de entre 2 y 3 kilómetros de la pista. Un lapso tan corto que hizo imposible cualquier intento de corrección o rescate.
Las imágenes difundidas posteriormente muestran una secuencia de situaciones inquietantes. El piloto aparece utilizando su teléfono móvil mientras la aeronave aceleraba por la pista.
Ese momento exige máxima concentración, ya que cualquier variación mínima en la potencia, la velocidad o los parámetros técnicos puede definir el destino del vuelo.
Esa distracción, aunque breve, se convirtió en uno de los detalles más cuestionados por la opinión pública.
En el panel de control se observa claramente la advertencia “BAT PRB”, una señal de falla en el sensor de temperatura del sistema turbo.
Según especialistas en aviación, este aviso representa una alerta crítica. Los protocolos de seguridad establecen que, ante esa señal, el despegue debe cancelarse de inmediato. No existen excepciones. No hay margen para la interpretación.
Sin embargo, el vuelo continuó. El motor no alcanzó la potencia necesaria, especialmente bajo las condiciones de aire menos denso de la zona.
Al despegar, la aeronave no logró mantener la sustentación adecuada. El avión comenzó a perder estabilidad y, pocos segundos después, entró en caída libre. Todo ocurrió con una rapidez tan brutal como irreversible.

Lo que más impacta a la sociedad no es solo el accidente, sino las palabras que Yeison Jiménez había pronunciado tiempo atrás.
En varias entrevistas, el cantante confesó que había soñado tres veces con un accidente aéreo. No eran sueños vagos, sino escenas muy precisas: el piloto anunciando que todo estaba listo, luego una falla técnica y, finalmente, la sensación de impotencia al no poder continuar el vuelo.
Cuando esos relatos se comparan hoy con el video del accidente, muchos no pueden evitar estremecerse. Nadie se atreve a llamarlo profecía, pero tampoco resulta sencillo atribuirlo únicamente a la coincidencia.
En el pasado, Yeison ya había vivido un episodio real cuando el motor del avión falló apenas tres minutos después del despegue, obligando a un aterrizaje de emergencia.

Tras ese suceso, el artista reconoció haber desarrollado una ansiedad persistente. Decía que su mayor miedo no era morir, sino no volver a ver crecer a sus hijas ni acompañar a su esposa.
Hoy, esas palabras ya no suenan como una simple confesión personal. Se han transformado en un eco doloroso que acompaña la tragedia.
Antes del vuelo fatal, Yeison y su equipo mantenían un ambiente relajado. Reían, conversaban y compraron algunos bocadillos en una tienda local. Nadie mostraba señales de inquietud.
Su último concierto se realizó en el municipio de Málaga, en el departamento de Santander, con un público entusiasta y emocionado. Ninguno de los asistentes imaginaba que estaban presenciando la última actuación de su ídolo.
Las imágenes de esos momentos previos, al hacerse públicas, provocaron lágrimas en miles de seguidores. Un artista que acababa de despedirse del escenario sin saber que aquella sería su despedida definitiva.

Tras el accidente, Colombia entró en duelo. Los fanáticos colocaron flores, encendieron velas y compartieron las canciones que marcaron sus propias historias de vida.
Las emisoras de radio y televisión reprodujeron sus grandes éxitos como una forma silenciosa de homenaje.
Varias figuras políticas, entre ellas la ministra de Transporte María Fernanda Rojas, enviaron mensajes oficiales de condolencia a la familia del cantante.
Pero detrás de los mensajes y los homenajes públicos queda el dolor silencioso de su esposa y de sus pequeñas hijas.
Para ellas, no se trata de la pérdida de una estrella, sino del esposo, del padre y del pilar de su hogar.

Expertos en aviación coinciden en que este accidente deja una lección dura sobre la disciplina profesional. La aviación no tolera errores.
Un segundo de distracción, una decisión tardía, una alerta ignorada pueden costar vidas. En este caso, los fallos se acumularon: la falta de atención del piloto, el desprecio por la advertencia técnica y la decisión de continuar un despegue que ya no era seguro.
Por eso, el video no es solo un registro del desastre. Es una advertencia. Un llamado a reflexionar sobre la responsabilidad, sobre el respeto a los protocolos y sobre el precio que se paga cuando la seguridad se subestima.
Para Yeison Jiménez, ese vuelo cerró una carrera que aún tenía mucho por ofrecer. Partió dejando proyectos inconclusos, canciones inéditas y sueños que ya no podrán realizarse.

Para sus seguidores, se fue una voz que los acompañó en momentos difíciles, una presencia que marcó una época.
Pero quizá lo más doloroso es aceptar que esta tragedia pudo haberse evitado. Una decisión tomada a tiempo, un procedimiento respetado, una atención plena habrían cambiado por completo la historia.
Bajo el cielo de aquel día, Yeison Jiménez no alcanzó a despedirse. Y en tierra, millones de personas siguen haciéndose la misma pregunta: si ese vuelo se hubiera detenido a tiempo, ¿habría sido diferente el final?
Esa pregunta permanecerá durante mucho tiempo, como una herida silenciosa en la memoria de todo un país.