El legado de Carlos Salinas de Gortari es, sin duda, el más complejo y debatido de la historia moderna de México.
Su administración no fue simplemente un cambio de gobierno, sino un cambio de era que desmanteló el viejo sistema revolucionario para instaurar un modelo neoliberal.
A más de tres décadas de su mandato, las decisiones tomadas en ese sexenio siguen siendo el esqueleto sobre el que opera la economía nacional.
Para entender el México de hoy, es indispensable diseccionar las reformas que transformaron radicalmente la relación entre el Estado y la sociedad.
Salinas llegó al poder cargando con la sombra de la ilegitimidad tras las controvertidas elecciones de 1988 y la caída del sistema.
Esa falta de credibilidad inicial lo impulsó a buscar una legitimación a través de resultados económicos rápidos y golpes de autoridad espectaculares.
Su proyecto de nación se basaba en la premisa de que México debía modernizarse a toda costa para sobrevivir en un mundo globalizado.
La estrategia se centró en la reducción del tamaño del Estado y la apertura comercial indiscriminada.
Una de las primeras y más drásticas medidas fue la privatización masiva de empresas paraestatales.
El gobierno vendió cientos de empresas que eran propiedad de la nación, bajo el argumento de que eran ineficientes y generaban un gasto insostenible.
El caso más emblemático fue la venta de Teléfonos de México (Telmex), que pasó de ser un monopolio estatal a un monopolio privado.
Esta transacción no solo cambió las telecomunicaciones, sino que reconfiguró la cúpula empresarial mexicana, creando a los hombres más ricos del país.
Simultáneamente, se llevó a cabo la reprivatización de la banca, revirtiendo la nacionalización realizada en 1982.
Estas acciones inyectaron capital fresco a las finanzas públicas, permitiendo al gobierno renegociar la deuda externa.
Sin embargo, la falta de una regulación adecuada permitió prácticas que, años más tarde, derivarían en el rescate bancario del Fobaproa.
Pero la reforma más profunda y dolorosa ocurrió en el campo mexicano con la modificación del Artículo 27 constitucional.
Salinas declaró el fin del reparto agrario, una de las principales banderas de la Revolución Mexicana.
La reforma permitió la venta de tierras ejidales, buscando capitalizar el campo y aumentar la productividad agrícola.
Para muchos campesinos, esto significó el despojo y el abandono, sembrando el descontento que estallaría en Chiapas.
La joya de la corona del proyecto salinista fue, indiscutiblemente, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).
La negociación con Estados Unidos y Canadá fue presentada como el boleto de entrada de México al Primer Mundo.
Se prometió que la apertura comercial traería mejores salarios, tecnología de punta y un crecimiento sostenido.
Si bien el tratado disparó las exportaciones y convirtió a México en una potencia manufacturera, los beneficios no fueron homogéneos.
El norte del país se industrializó rápidamente, integrándose a las cadenas de suministro globales.
El sur, en cambio, quedó rezagado, profundizando una fractura regional que persiste hasta nuestros días.
La pequeña y mediana industria nacional, incapaz de competir con los gigantes norteamericanos, sufrió un golpe devastador.
Para mitigar los costos sociales de estas reformas estructurales, Salinas creó el Programa Nacional de Solidaridad (Pronasol).
Solidaridad fue un programa social masivo diseñado para llevar servicios básicos, infraestructura y apoyos a las comunidades más pobres.
Funcionó también como una poderosa herramienta política para recuperar la base electoral del partido oficial y reconstruir la imagen presidencial.
El presidente recorría el país inaugurando obras, proyectando una imagen de eficiencia y cercanía que le otorgó altos niveles de popularidad.
Hacia 1993, la narrativa oficial sugería que México estaba a punto de consolidar su transformación exitosa.
Sin embargo, el año 1994 destrozó esa ilusión y exhibió las fragilidades del modelo.
El primero de enero, el mismo día que entraba en vigor el TLCAN, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se levantó en armas.
La rebelión indígena en Chiapas fue un recordatorio brutal de que la modernización había dejado fuera a millones de mexicanos.
La crisis política se agudizó con el asesinato del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio en marzo de ese año.
El magnicidio rompió la estabilidad del sistema político y generó una incertidumbre financiera sin precedentes.
Meses después, el asesinato de José Francisco Ruiz Massieu, secretario general del partido, confirmó la descomposición interna de la élite gobernante.
El gobierno intentó mantener la estabilidad económica artificialmente, defendiendo un tipo de cambio insostenible.
La dependencia de capitales especulativos, conocidos como “capitales golondrina”, dejó a la economía en una posición vulnerable.
Al finalizar el sexenio, la administración entrante se vio obligada a devaluar el peso, desencadenando la crisis económica de 1995.
El llamado “Error de Diciembre” borró el patrimonio de la clase media y provocó la quiebra de miles de empresas.
La figura de Salinas pasó, casi de la noche a la mañana, de ser vista como la de un estadista visionario a la del villano favorito de la nación.
Su salida del país y su autoexilio en Irlanda marcaron el fin de una época y el inicio de un largo periodo de cuestionamientos.
A pesar del juicio histórico negativo, es innegable que las estructuras creadas por Salinas siguen vigentes.
La autonomía del Banco de México, otorgada durante su mandato, es hoy un pilar de la estabilidad macroeconómica.
La apertura comercial sigue siendo el motor de la economía mexicana, a pesar de las renegociaciones recientes del tratado.
El Instituto Federal Electoral, hoy INE, nació como respuesta a la crisis de legitimidad de 1988, aunque su plena autonomía se lograría después.
Analizar el legado de Salinas implica reconocer tanto la modernización institucional como el inmenso costo social de la desigualdad.
Sus reformas cambiaron la faz de México, creando un país más abierto y competitivo, pero también más desigual y violento.
El desmantelamiento del Estado protector dejó a la ciudadanía a merced de las fuerzas del mercado sin una red de seguridad adecuada.
La corrupción que acompañó a los procesos de privatización sigue siendo una herida abierta en la confianza pública.
Hoy, cuando se debate nuevamente el papel del Estado en la economía, la sombra de Salinas reaparece inevitablemente.
Sus decisiones marcaron el camino que México ha transitado durante los últimos treinta años.
Entender ese periodo es fundamental para comprender por qué el país votó por un cambio de régimen décadas después.
La historia no ha terminado de juzgarlo, y las consecuencias de sus reformas siguen operando en la vida diaria de cada mexicano.
El México contemporáneo es, en gran medida, el resultado de las tensiones no resueltas de aquel sexenio transformador.
Preguntas Frecuentes (FAQs)
¿Cuáles fueron las reformas más importantes de Carlos Salinas de Gortari? Las reformas más trascendentales fueron la privatización de empresas estatales (incluyendo Telmex y los bancos), la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), la reforma al Artículo 27 constitucional que permitía la venta de tierras ejidales y el otorgamiento de autonomía al Banco de México.
¿Qué impacto tuvo la privatización de la banca en México? La reprivatización bancaria buscó modernizar el sistema financiero y obtener recursos para el Estado. Sin embargo, la falta de regulación adecuada y la crisis de 1994 llevaron al colapso de los bancos, lo que resultó en el rescate financiero conocido como Fobaproa, cuya deuda pública se sigue pagando hasta la fecha.
¿Por qué se considera que el año 1994 fue el derrumbe del salinismo? 1994 es clave porque se conjugaron eventos que desestabilizaron el país: el levantamiento armado del EZLN en Chiapas, el asesinato del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio, el asesinato de José Francisco Ruiz Massieu y la fuga masiva de capitales que desembocó en la grave crisis económica de 1995.
¿Qué fue el Programa Nacional de Solidaridad (Pronasol)? Fue el programa social insignia de Salinas, destinado a combatir la pobreza mediante obras de infraestructura y servicios en comunidades marginadas. Aunque redujo ciertos índices de carencia, fue criticado por su uso político-electoral para fortalecer la imagen presidencial y el control del partido oficial.
¿Cuál es la relación entre Salinas y el neoliberalismo en México? Carlos Salinas es considerado el principal consolidador del modelo neoliberal en México. Su política económica se basó en la reducción de la intervención del Estado en la economía, la apertura de fronteras al comercio internacional y la desregulación de mercados, marcando el fin del modelo de Estado benefactor posrevolucionario.