En el marco del 97 aniversario del Partido Revolucionario Institucional (PRI), lo que debió ser una conmemoración de la fuerza histórica que moldeó a
México durante siete décadas, terminó convirtiéndose en el escenario de una de las derrotas políticas más simbólicas de su actual dirigente,
Alejandro “Alito” Moreno Cárdenas. Con un discurso cargado de adjetivos, pero vacío de aliados, Moreno lanzó una convocatoria desesperada para formar un “gran bloque opositor” contra la reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum. La respuesta fue un silencio ensordecedor que resuena en todos los rincones de la política nacionEl Grito en el Desierto de la Oposición
Desde el podio, Alito Moreno llamó a todos: al PAN, a Movimiento Ciudadano (MC), e incluso a los aliados de Morena, el PT y el Partido Verde. Su tono no fue el de un estadista buscando consenso, sino el de un capitán que ve cómo su barco se hunde y amenaza a los botes salvavidas que se alejan. “Si no hay coalición, será porque el PAN y Movimiento Ciudadano no quisieron, y que el pueblo de México lo sepa”, sentenció, en lo que muchos analistas consideran un acto de manipulación política disfrazada de democracia.

Este movimiento no es producto de una estrategia brillante, sino del pánico. La reforma electoral propuesta por el gobierno busca, entre otros puntos, eliminar las 32 senadurías de representación proporcional y reducir el financiamiento público. Para un partido como el PRI, que bajo la gestión de Moreno ha perdido el 79% de su militancia y hoy solo gobierna dos estados (Coahuila y Durango), estas posiciones plurinominales son el último tanque de oxígeno. Sin ellas, Alito pierde la capacidad de colocar a sus operadores leales en el Congreso y, lo más importante, pierde el fuero parlamentario que lo protege de las múltiples carpetas de investigación que lo persiguen.
Crónica de una Incongruencia Anunciada
La falta de respuesta de los otros partidos no es casualidad. Días antes de pedirles “unidad”, Alito Moreno había llamado “cínicos” y “comparsa del poder” a los integrantes de Movimiento Ciudadano por mostrarse abiertos al diálogo sobre la reforma. Es difícil construir puentes cuando se ha dedicado la semana anterior a dinamitarlos. La política real se hace con negociaciones discretas y confianza, dos elementos que parecen haber desaparecido del vocabulario de la dirigencia priista.
Mientras Alito hacía ruido mediático, la presidenta Claudia Sheinbaum operaba con la frialdad de los números. En Palacio Nacional, el proyecto de reforma ha sido pausado tres veces, no por falta de voluntad, sino por un cálculo preciso para asegurar los votos necesarios, incluso negociando con los matices del PT y el PVEM. El contraste es brutal: una parte construye en silencio contando votos; la otra grita en público sin tener ninguno.
Un Liderazgo Erosionado por la Corrupción
El problema de fondo para Alejandro Moreno no es solo su falta de tacto político, sino su nula autoridad moral. Con procesos de desafuero activos, investigaciones por el presunto desvío de 83 millones de pesos durante su gubernatura en Campeche y un patrimonio de 47 propiedades que no coincide con sus ingresos públicos, Alito se ha convertido en un interlocutor tóxico. Ningún partido opositor quiere ser visto como el “escudo personal” de un dirigente con tal historial.
Incluso dentro de su propio partido, la soledad es evidente. Durante el evento del aniversario, los aplausos fueron por protocolo, pero no hubo un respaldo real de los gobernadores o de las bases. El PRI de Alito es un partido que ha pasado de tener 6.7 millones de afiliados a poco más de 1.4 millones en solo cuatro años. Bajo su mando, el tricolor ha dejado de gobernar a más de 41 millones de personas. La retórica de “salvar a la República” suena hueca cuando proviene de quien no ha podido salvar ni a su propia institución de la irrelevancia.
La Supervivencia como Única Agenda
Lo que realmente está en juego para Moreno no es el destino democrático de México, sino su propia libertad. El calendario legislativo marca que cualquier cambio aplicable para las elecciones de 2027 debe aprobarse antes del 31 de mayo. Si la reforma pasa y se eliminan las plurinominales, Alito tendría que salir a las calles a buscar votos en un territorio donde el PRI ya no tiene fuerza. Sin el blindaje del Congreso, las investigaciones de la Fiscalía de Campeche y los audios filtrados sobre sus operaciones financieras podrían alcanzarlo finalmente.
El “gran bloque” nació muerto porque nadie confía en el mensajero. La oposición mexicana necesita renovarse, pero mientras Alito Moreno ocupe el espacio visible con su estilo reactivo y visceral, bloquea la emergencia de nuevas figuras con credibilidad. El ridículo de esta semana es el cierre de un ciclo político: el fin de un modelo de cúpulas que cree que el micrófono puede sustituir al poder real.
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En conclusión, la jornada del 97 aniversario del PRI no será recordada por sus propuestas, sino por la imagen de un hombre solo en un podio, lanzando amenazas al aire mientras el sistema político que alguna vez dominó lo ignora por completo. La democracia requiere contrapesos, pero para ser un contrapeso real, primero hay que tener las manos limpias y la palabra coherente, algo que, a la luz de los hechos, Alito Moreno ha dejado en el camino.