La última excusa para hablar de esa época en la que Pe llegó a Hollywood y Hollywood se enamoró.
Cuando Penélope Cruz subió a recoger el Oscar en la categoría de Mejor Actriz Secundaria por su interpretación en Vicky Cristina Barcelona soltó un suspiro que se convirtió en un “ay”. Después añadió que no iban a ser cuarenta y cinco segundos –el tiempo que la Academia impone a todos los discursos que se hacen durante la ceremonia–. Una chica de Alcobendas recogiendo un Oscar. No, no iban a ser cuarenta y cinco segundos.
Qué difícil es escribir sobre uno de los rostros más luminosos que ha conocido el cine contemporáneo. La palabra “belleza” se queda corta, coja, no llega ni a acercarse a ese conjunto de imperfecciones que hacen de Penélope un icono. Su facilidad para emocionar, su inalterable sonrisa de niña pequeña a pesar de más de dos décadas de carrera en una industria que todo lo pervierte, su constancia, su fragilidad. A esta historia de brillo de cuna que se convierte en destino manifiesto le faltaba una historia de amor especial, y en su caso también se cumplió. Javier y Pe. Pe y Javier. Al principio no, al final sí. Pero antes, un poquito antes de la gran celebración, de la nominación conjunta al Oscar y todo lo demás, hubo un tiempo, allá por los primeros años de los 2000, en el que Penélope campaba a sus anchas por Los Angeles y Nueva York mientras hablaba un inglés macarrónico y se ponía todos los vestidos de Ralph Lauren. Era la Penélope de Vanilla Sky, de la frase “te lo diré en otra vida, cuando seamos gatos”; de su mediática relación con Tom Cruise, de su timidez retransmitida por televisión.
Penélope llegaba a los Oscar y brillaba sin quererlo. Era la invitada que nadie espera, la chica que aparece en una fiesta porque es la amiga de una amiga. Y Cameron Crowe, director de Vanilla Sky, vio en esa naturalidad que Hollywood siempre busca y rara vez encuentra un filón para su película. No obstante, Penélope ya había protagonizado la versión española de la misma (Abre los ojos). Así que un día cualquiera, Penélope apareció en Central Park con unas New Balance y unos vaqueros y dijo “rodemos”. Las New Balance, por cierto, son el modelo que ahora mismo, en la primera 2023, lleva todo el mundo que se interesa un poquito en esto de la moda, pero en realidad son la excusa para recordar por qué Penélope es lo que es. Historia viva de nuestro cine. Brillo en carne viva. Suspiro que se convierte en “ay” y es de verdad.