Nunca frenó, ni siquiera por un segundo. Ese es el detalle más perturbador del video que acaba de hacerse público y que muestra los últimos instantes de Roberto Hernández, un hombre de 52 años que fue embestido por un automóvil, arrastrado bajo el vehículo durante varios kilómetros y abandonado en plena vía pública durante la noche en Iztapalapa.
Las imágenes, frías y directas, han transformado lo que pudo haberse considerado un accidente de tránsito en un símbolo de brutalidad e indiferencia que hoy sacude a la opinión pública en México.
Roberto Hernández no era una figura pública ni un nombre conocido. Era un trabajador honesto, dedicado desde hacía más de diez años al reparto de productos lácteos para la empresa Lala.
Sus familiares y compañeros lo describen como un hombre tranquilo, responsable, sin antecedentes penales ni conflictos con la ley.

Su rutina diaria transcurría entre largas jornadas laborales, rutas repetidas una y otra vez y una vida sencilla. La noche del sábado 3 de enero salió de su casa en su motocicleta Italika con un objetivo simple: ir a recoger a su pareja a la zona de Nezahualcóyotl, como lo hacía con frecuencia. Nunca llegó.
De acuerdo con las grabaciones de cámaras de vigilancia, Roberto circulaba de manera regular por el cruce de Anillo Periférico y Eje 6, en la unidad habitacional Vicente Guerrero.
Mantenía su carril y una velocidad constante cuando, de manera repentina, un automóvil Honda City de color azul lo impactó por detrás. El golpe fue lo suficientemente fuerte como para derribarlo junto con su motocicleta. Sin embargo, lo verdaderamente estremecedor ocurrió después del impacto.
El vehículo no se detuvo. No hubo una frenada brusca ni intento alguno de auxiliar a la víctima. El cuerpo de Roberto quedó atrapado bajo el automóvil, que continuó avanzando mientras lo arrastraba sobre el asfalto.

Durante casi dos kilómetros, el coche recorrió distintas calles y cruces, con el hombre aún bajo el chasis. Testigos relataron que otros conductores tocaron el claxon, gritaron e hicieron señas desesperadas al automovilista para que se detuviera, sin obtener respuesta alguna.
Las imágenes muestran que solo al pasar por un tope el automóvil se elevó lo suficiente para que el cuerpo de Roberto saliera despedido y quedara tendido en el pavimento.
Esa escena, captada por las cámaras, ha resultado insoportable para muchos espectadores. Para la familia de la víctima, se trata de una imagen que marcará para siempre su memoria y su duelo.
Las autoridades identificaron a la conductora como Gabi Gómez Córdoba, de 43 años. Según versiones recabadas por los investigadores y declaraciones de personas cercanas, tras desprenderse el cuerpo de la víctima, la mujer no regresó al lugar de los hechos. Condujo hasta su domicilio en la zona de Ciudad Lago, en Nezahualcóyotl.
Al llegar, se encontraba alterada y visiblemente nerviosa, aunque sin indicios de haber consumido alcohol o drogas. Poco después recogió algunas pertenencias, abordó otro vehículo y huyó, desapareciendo de su domicilio.

El Honda City involucrado fue localizado el lunes siguiente, abandonado sobre la calle Lago Saima, a escasos 400 metros de la vivienda de la presunta responsable.
El automóvil presentaba severos daños en la parte frontal, carecía de placas delanteras y traseras, y bajo el chasis aún se apreciaban rastros compatibles con el arrastre de la víctima. Este vehículo se ha convertido en una pieza clave para reconstruir los hechos y sustentar la investigación.
Mientras las autoridades concentran sus esfuerzos en la localización de la conductora, la familia de Roberto Hernández ha tenido que enfrentar un segundo golpe, quizá menos visible pero igualmente doloroso.
En redes sociales comenzaron a circular versiones que lo señalaban falsamente como ladrón o como una persona violenta que habría provocado el incidente. Dichas afirmaciones han sido desmentidas de manera contundente.

Las grabaciones de video muestran con claridad que Roberto no cometió ninguna falta ni realizó conducta agresiva alguna antes del impacto. Era simplemente un hombre que regresaba a casa, convertido en víctima de una conducción irresponsable y cruel.
Los familiares han exigido respeto para la memoria de Roberto y han pedido que se detenga la difusión de rumores sin sustento. Señalan que, además de perder a un ser querido, se han visto obligados a defender su nombre en el momento más doloroso de sus vidas.
El caso ha abierto un debate profundo en la sociedad mexicana. Cómo es posible que una persona continúe conduciendo durante kilómetros tras haber atropellado a alguien. Se trató de pánico momentáneo o de una conducta consciente marcada por la indiferencia.
Y, sobre todo, cómo debe responder la justicia ante hechos de esta gravedad. Para muchos, no se trata solo de un homicidio culposo por accidente de tránsito, sino de una acción que exige una revisión más severa desde el punto de vista legal y ético.

Hoy, las fiscalías del Estado de México y de la Ciudad de México mantienen activa la búsqueda de Gabi Gómez Córdoba, quien continúa prófuga.
El caso de Roberto Hernández trasciende la tragedia individual. Se ha convertido en un llamado urgente sobre la responsabilidad al volante, la empatía humana y el papel de la justicia frente a actos que conmocionan a toda una sociedad. El video ya habló por la víctima. Ahora, el país espera que la ley haga lo propio.