Un adolescente salió de un gimnasio en una tarde aparentemente normal, caminó unos minutos
hasta una estación del Metro cercana a su casa y entró al sistema de transporte más grande de la Ciudad de México. Después de ese momento, simplemente desapareció.
Sin llamadas, sin mensajes y sin nuevas imágenes que permitan saber qué ocurrió. Una semana después, la pregunta sigue inquietando a su familia y a miles de personas que siguen el caso: ¿qué pasó con Luis Arturo Hernández Muñoz?
La desaparición del joven de 16 años en la alcaldía Tláhuac, al sur de la capital mexicana, no solo ha provocado angustia en su familia. También ha abierto un debate sobre fallas en la investigación, cámaras que no funcionan y protocolos que, según denuncian sus padres, tardaron demasiado en activarse.

Luis Arturo vivía con sus padres en la colonia Olivar Santa María, en Tláhuac. De acuerdo con su familia, era un estudiante responsable, con buenas calificaciones y muy disciplinado con el ejercicio. Cursaba el bachillerato tecnológico en el Instituto Mexicano de Psicooncología, conocido como IMPo.
Quienes lo conocen lo describen como un joven tranquilo, dedicado a sus estudios y con una rutina bastante ordenada. Parte de esa rutina era acudir regularmente a un gimnasio ubicado a solo una cuadra de su casa.
El 5 de marzo de 2026 parecía ser un día común. Cerca de las 13:50 horas, su madre Silvia Muñoz lo dejó en el gimnasio para que realizara su entrenamiento habitual.
La idea era sencilla: Luis Arturo entrenaría poco más de una hora y después su madre regresaría para recogerlo.

Pero cuando ella volvió al lugar alrededor de las 15:00 horas, su hijo ya no estaba.
Las cámaras de seguridad del gimnasio mostraron que Luis Arturo salió antes de terminar su rutina. De acuerdo con los registros, abandonó el lugar entre las 14:30 y las 14:40 horas.
Las imágenes lo muestran saliendo con normalidad, llevando únicamente su botella de agua y sus pertenencias personales. No se observa que alguien lo siguiera ni señales de tensión.
Minutos después, cámaras del sistema de vigilancia C5 de la Ciudad de México lo captaron entrando a la estación Tláhuac del Metro, correspondiente a la Línea 12.
Ese registro se convirtió en la última imagen confirmada del adolescente.
A partir de ese momento no existe información clara sobre lo que ocurrió. Su teléfono celular dejó de emitir señal y su familia no ha recibido ningún tipo de comunicación.

El padre de Luis Arturo relató que su hijo tenía una vida muy organizada. Estudiaba, entrenaba y regresaba a casa sin cambios en su rutina. Por eso, el hecho de que saliera antes del gimnasio y entrara al Metro sin avisar resulta completamente extraño para la familia.
Los padres pensaron que podrían seguir su recorrido a través de las cámaras del sistema de transporte. Sin embargo, pronto descubrieron que una de las pistas más importantes podría haberse perdido.
De acuerdo con lo que les informaron en el Sistema de Transporte Colectivo Metro, varias cámaras de vigilancia en la estación Tláhuac y en la Línea 12 no estaban funcionando en ese momento.
Esto incluiría cámaras en torniquetes y andenes.
Si esa información es correcta, significa que no existe registro visual de hacia dónde se dirigió Luis Arturo después de entrar al Metro. Tampoco se sabe si abordó algún tren, si salió en otra estación o si ocurrió algo dentro del sistema de transporte.

La ausencia de esas imágenes ha complicado seriamente la reconstrucción de sus últimos movimientos.
Para una ciudad tan grande como la capital mexicana, perder esas primeras pistas puede marcar una diferencia enorme en una investigación de desaparición.
Pero las preocupaciones de la familia no terminan ahí.
Los padres de Luis Arturo también han denunciado retrasos e irregularidades en el proceso para presentar la denuncia por desaparición.
Según relataron, cuando acudieron al Ministerio Público en Tláhuac para reportar la desaparición de su hijo, les informaron que no podían levantar la denuncia en esa sede.
En su lugar, tuvieron que trasladarse hasta las oficinas de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México en la colonia Doctores, en la alcaldía Cuauhtémoc.

Ese traslado implicó más tiempo perdido mientras intentaban iniciar la búsqueda de su hijo.
El padre del adolescente también señaló que en un inicio algunas autoridades sugirieron que Luis Arturo podría haberse ido por voluntad propia o que tal vez estaba con amigos.
Según la familia, ese tipo de suposiciones retrasó la activación de acciones de búsqueda más inmediatas.
El padre afirmó que esos protocolos terminaron haciendo que se perdieran horas cruciales en los primeros momentos de la desaparición.
La madre de Luis Arturo también relató las largas horas que pasó esperando ser atendida en el Ministerio Público. Explicó que llegó alrededor de las 11:00 de la mañana, pero no fue atendida hasta las 3:00 de la tarde.
Después tuvo que esperar nuevamente hasta las 5:00 de la tarde para continuar el proceso debido al horario de comida del personal.

Además, denunció que encontró obstáculos administrativos cuando intentó entregar equipo o información que podría ayudar a la investigación.
Según la familia, incluso varios días después de la desaparición todavía no se habían revisado las últimas llamadas del teléfono del adolescente.
La falta de avances provocó indignación entre vecinos, amigos y familiares.
El 10 de marzo organizaron un bloqueo en ambos sentidos de la avenida Tláhuac para exigir que las autoridades aceleren la investigación y revisen todas las cámaras disponibles que puedan ayudar a reconstruir los movimientos del joven.
La protesta provocó afectaciones viales importantes en la zona, aunque el servicio del Metro continuó funcionando con normalidad.
Mientras tanto, las autoridades activaron la Alerta Amber para difundir la ficha de búsqueda de Luis Arturo.

De acuerdo con esa ficha, el adolescente mide aproximadamente 1.72 metros, tiene complexión mediana, piel morena clara, cabello negro lacio y ojos negros.
Como seña particular, presenta un lunar en la mejilla izquierda.
El día de su desaparición vestía una sudadera rosa, pants negro con franjas blancas y tenis blancos.
Su familia continúa compartiendo su imagen en redes sociales con la esperanza de que alguien pueda reconocerlo o aportar información relevante.
Especialistas en temas de desapariciones señalan que casos como el de Luis Arturo suelen enfrentar problemas estructurales en México.
En muchos casos participan distintas instituciones, como comisiones de búsqueda, fiscalías locales y fuerzas policiales. Sin embargo, las tareas de investigación criminal, inteligencia y búsqueda en campo no siempre están completamente coordinadas.
Esa fragmentación puede generar retrasos en las acciones.

Además, aunque las leyes establecen que la búsqueda debe comenzar de inmediato, en la práctica suelen ocurrir demoras para revisar cámaras de seguridad, analizar registros telefónicos o iniciar carpetas de investigación.
Cada hora perdida reduce las probabilidades de encontrar a una persona desaparecida.
El territorio de Tláhuac también presenta características que pueden complicar los operativos de búsqueda. La zona cuenta con áreas semirurales, terrenos baldíos, canales y zonas agrícolas.
Estas condiciones pueden hacer más difícil rastrear pistas o realizar operativos extensos.
De acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, en la Ciudad de México hay al menos 5,948 personas reportadas como desaparecidas o no localizadas.
Para la familia de Luis Arturo, ese número es una pesadilla que temen ver crecer con el nombre de su hijo.
Mientras pasan los días, sus padres siguen difundiendo su fotografía, hablando con medios y pidiendo ayuda a la ciudadanía.
No piden explicaciones políticas ni discursos oficiales.
Solo quieren saber dónde está su hijo.