Rafael Nadal y su época de premios

Crónica de un encuentro entre bastidores con la leyenda manacorí

Rafa Nadal recibe el premio en la Gran Gala Mundo Deportivo. Barcelona, 3 de Febrero de 2025Rafael Nadal, el lunes, durante la ‘Gran Gala de Mundo Deportivo’ en el Palau de Congressos de Barcelona Pau Venteo / SHOOTING

Es lunes por la noche y estoy entre bastidores, en la Gran Gala de Mundo Deportivo. La organización me ha ofrecido este acceso a un espacio íntimo.

El backstage es una sala privada del Palau de Congressos de Barcelona, en el extremo sur de la Diagonal. Por el lugar desfilan las celebridades deportivas que, un rato más tarde, recogerán su premio.

Me acomodo en una esquina del espacio y observo.

Soy un voyeur .

Saludo a Fernando Belasteguín. Es leyenda del padel. Acaba de retirarse. Hablamos de sus tres hijos y de su proyecto. Me cuenta que se prepara para abrir una academia cuando nos interrumpe su móvil. Le llama su mujer.

Unos pasos más allá, Montse Tomé, seleccionadora española del fútbol femenino, saluda a Santi Denia, seleccionador español del fútbol olímpico, y a Jesús Navas. En tropel entran las mujeres del waterpolo, oro olímpico, con Laura Ester, Maica García y Paula Leitón a la cabeza, y la marchadora María Pérez y su entrenador, Jacinto Antón, conversan con Teresa Perales, nadadora paralímpica con 28 podios, más que nadie.

Luego entra Rafael Nadal.

“No he vuelto a coger una raqueta desde aquel adiós en Málaga; algún día lo haré” – Rafael NadalLeyenda del tenis

Silencio en la sala.

Las miradas se vuelven hacia el coloso y el coloso sonríe relajado pues ya no está en modo competición. Está en modo homenaje.

Mientras los superdeportistas maniobran, se acercan a Nadal y se retratan junto a él, yo me acerco a Benito Pérez Barbadillo, su jefe de prensa, y le repregunto:

–¿Me dará unos minutos con él?

–Venga, ahí lo tiene: ‘Rafa, ¿atiendes a La Vanguardia?’.

Buscamos un rinconcito y el coloso, sonriente, me tiende la mano y yo pulso el play en la grabadora:

–Es el momento de los homenajes, como esta gala. ¿Cómo lo lleva? ¿Le gustan?

–Bueno, llevo pocos. He intentado estar un tiempo ausente, organizando mi vida más allá de mi día a día en los últimos treinta años. Pero me hace ilusión estar en la gala de este periódico con el que he compartido mi carrera.

–¿Y cómo se lleva consigo mismo? ¿Juega al tenis?

“Estoy en un buen momento. Ahora ya puedo bajar las escaleras sin que me duela nada” – Rafael NadalLeyenda del tenis

–No he vuelto a coger una raqueta. Lo haré en algún momento, pero desde aquel adiós en Málaga (20 de noviembre) solo he jugado un rato con mi hijo en casa. Solo me intento organizar fuera de lo que ha sido el deporte. Sin querer ya tengo muchas cosas de trabajo que no puedo evitar, pero necesito un tiempo para decidir qué quiero hacer, más allá de aquello que debo hacer porque es inevitable.

–Y su hijo Rafa (2), ¿juega a tenis con la derecha o la izquierda?

–No juega con ninguna, de momento. Va haciendo lo que puede, un rato juega a fútbol, otro a golf, otro a tenis, juega, es un niño.

Luego le digo:

–Una vez escribí una columna. Conté que usted es el ser humano al que he observado por más tiempo. Más que a mi mujer o a mi hija.

–Bueno, a veces era mejor no mirarme… –me responde.

Pronto se acaba la charla, hay cola para la autofoto con Nadal, y en la sala irrumpe Garbiñe Muguruza y tras ella, la tropa del Barça. Entran Joan Laporta y Enric Masip y también Pedri, Cubarsí, Ferran Torres, Fermín, Aitana Bonmatí, Cata Coll, Eric Garcia y Dani Olmo: cuando distinguen a Nadal, a por él que se van también.

“Mi pequeño Rafa no juega con la derecha ni la izquierda: por ahora solo juega, es un niño” – Rafael NadalLeyenda del tenis

(Estoy atento a la escena: Laporta, más culé que nadie, se saluda con Nadal, más merengue que nadie, y aquí haya paz y después gloria; y luego Laporta localiza a la tropa del Espanyol, a Mao Ye, Joan Capdevila, Rafa Marañón, Joan García y Omar El Hilali: el círculo se ensancha y, juntos, celebran la victoria blanquiazul del sábado ante el Madrid).

Luego todos salen al escenario, Nadal es el último en subirse, y desde arriba dice:

–Lo mejor de ahora es que estoy viviendo con poco dolor. Estoy pasando por un buen momento. Ahora puedo bajar las escaleras sin que me duela nada.

Cuando deja de hablar, el auditorio le despide en pie. La ovación se prolonga por tres minutos, hasta que Nadal dice basta. Cuando le devuelven el micro, se confiesa:

–Siento orgullo y también un poco de vergüenza.

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