Durante años, el público creyó conocer a Yeison Jiménez.
El niño pobre que vendía empanadas en las calles de Colombia, que creció entre carencias, que venció al hambre y a la desigualdad para convertirse en una estrella de la música popular.
Una historia emotiva, poderosa, casi perfecta. Sin embargo, hoy esa narrativa enfrenta su mayor cuestionamiento.
Quien la pone en duda no es un rival ni un periodista sensacionalista, sino Mauricio Restrepo, el amigo más cercano de Yeison durante más de dos décadas.

En una entrevista concedida a un podcast independiente, Mauricio afirmó que gran parte del relato sobre la infancia de Yeison no corresponde del todo con la realidad.
Según su testimonio, ambos crecieron en el mismo barrio, asistieron a la misma escuela y compartieron condiciones muy similares.
La familia de Yeison no era rica, pero tampoco vivía en la miseria extrema que el cantante ha descrito en múltiples ocasiones.
Su padre trabajaba como mecánico con empleo estable. Su madre vendía comida como parte de un negocio familiar. Yeison ayudaba vendiendo empanadas, pero no como un niño abandonado en la calle, sino como apoyo en el sustento del hogar.
Mauricio asegura que Yeison siempre tuvo techo, comida y educación. No había lujo, pero tampoco hambre permanente. La diferencia, afirma, apareció cuando Yeison recibió oportunidades que otros, como él, nunca tuvieron.
Uno de los puntos más delicados del testimonio es la supuesta ayuda de una familia adinerada de Medellín, conocida como la familia Senao.
Mauricio sostiene que ellos financiaron clases de canto, compraron equipos, facilitaron viajes y abrieron contactos decisivos para la carrera artística de Yeison. Sin esa ayuda, afirma, el ascenso del cantante habría sido mucho más difícil.
El problema, según Mauricio, no es haber recibido apoyo, sino haberlo ocultado. Yeison jamás mencionó públicamente a quienes lo impulsaron. Prefirió consolidar la imagen del artista que lo logró todo solo, sin ayuda, contra todas las probabilidades.

Mauricio relató también su propia decepción personal. Cuando Yeison alcanzó la fama, el vínculo entre ambos se fue rompiendo.
Mensajes pidiendo una oportunidad laboral recibían respuestas vagas o promesas que nunca se cumplieron. Él no pedía regalos, pedía trabajo. Y ni siquiera eso, asegura, le fue concedido.
“Lo más doloroso no es que él triunfara y yo no”, dijo Mauricio. “Lo más doloroso es que me borró de su vida como si nunca hubiéramos compartido nada.”
Además, Mauricio describió un cambio profundo en la personalidad de Yeison. El joven humilde y solidario, según él, fue reemplazado por una figura distante, rodeada de nuevas personas y desconectada de su pasado. Las amistades antiguas se convirtieron en recuerdos incómodos.
Incluso la madre de Yeison, según Mauricio, habría expresado su incomodidad por la forma en que su hijo narraba la historia familiar.

Ella consideraba que se exageraba la pobreza y se transformaba una vida de clase trabajadora en un drama extremo. La respuesta de Yeison, siempre según Mauricio, fue que esa versión era más efectiva para el público.
Cuando la entrevista se publicó, las redes sociales estallaron. Los seguidores se dividieron. Algunos defendieron a Yeison con firmeza. Otros comenzaron a cuestionar la veracidad de la historia que habían admirado durante años.
La polémica creció cuando antiguos vecinos y compañeros de escuela confirmaron que la familia de Yeison no era rica, pero tampoco estaba entre las más pobres del barrio.
Un exalumno recordó que Yeison estudió en un colegio privado de bajo costo, algo poco compatible con la imagen de indigencia extrema.

A esto se sumó un mensaje publicado por un miembro de la familia Senao, donde lamentaba haber ayudado a alguien que luego actuó como si nunca hubiera recibido apoyo. Aunque no mencionó nombres, el contexto fue interpretado como una alusión directa a Yeison.
La respuesta del cantante no disipó las dudas. En un video publicado en sus redes, Yeison habló de envidia, ataques y fe, pero no negó de forma concreta ninguna de las acusaciones.
Días después, su equipo anunció posibles acciones legales, sin aportar pruebas específicas que contradijeran los hechos señalados por Mauricio.
Este caso abrió un debate más amplio sobre la industria del entretenimiento y la fabricación de historias inspiradoras. Las narrativas de superación extrema venden, conmueven y construyen marcas.
Pero cuando se exageran o se distorsionan, la línea entre inspiración y engaño se vuelve peligrosa.

Varios analistas colombianos coinciden en que el problema no es si Yeison fue más o menos pobre, sino si fue honesto con el público. Cuando un artista construye toda su imagen sobre un relato, ese relato se convierte en un compromiso con la verdad.
Muchos seguidores de Yeison han reconocido sentirse confundidos y decepcionados. No cuestionan su talento musical, pero sí la autenticidad de la figura que creían conocer. La confianza, una vez quebrada, es difícil de reconstruir.
Actualmente, periodistas de investigación continúan revisando documentos, registros escolares y testimonios para verificar de manera independiente los hechos. Los resultados preliminares parecen respaldar varias partes del relato de Mauricio.
Yeison Jiménez se encuentra ahora ante una decisión crucial. Puede seguir negando de forma indirecta o puede reconocer las partes de su historia que nunca contó. Para muchos, una confesión sincera podría no borrar el pasado, pero sí abrir un nuevo camino.
Porque en el mundo del espectáculo, el talento atrae, pero la verdad sostiene. Y en esta historia que aún no termina, el público no espera un héroe perfecto, sino un ser humano capaz de enfrentar su propia realidad con honestidad.