Hay tragedias que se cierran con lágrimas. Y hay otras que se abren con preguntas que nadie se atreve a responder.
El accidente que cobró la vida de Yeison Jiménez y de otras cinco personas pertenece a la segunda categoría.
Porque, cuando las velas de homenaje aún no se habían apagado, surgió un dato frío y perturbador: el número de matrícula del avión siniestrado coincidía con el de una aeronave vinculada a la incautación de 460 kilos de cocaína en México en 2022.
Desde ese instante, la muerte de un artista dejó de ser solo una historia de música y accidente para convertirse en un expediente que obligó a mirar de frente al sistema de control aéreo y de seguridad.

Según documentos citados por el diario El Tiempo, el avión con matrícula N325FA fue interceptado por el Ejército mexicano en agosto de 2022 y obligado a aterrizar en Miguel Hidalgo.
Las personas a bordo huyeron, dejando atrás toda la carga de cocaína. La aeronave pasó entonces a formar parte de una investigación por narcotráfico internacional.
Tres años después, el mismo número de matrícula reapareció en el expediente del avión que transportaba a Yeison Jiménez el día del accidente. Para los investigadores, esta coincidencia no podía ser ignorada.
Ese detalle dio origen a dos hipótesis. La primera sostiene que se trata del mismo avión, que tras su vinculación con el narcotráfico regresó al servicio civil mediante cambios de propiedad, documentos y tripulación.
Si esto fuera cierto, la pregunta sería inevitable: cómo una aeronave con un pasado tan sensible pudo volver a volar sin ninguna alerta pública.
La segunda hipótesis apunta a la clonación de matrículas, una práctica utilizada por redes criminales para dar apariencia legal a aeronaves empleadas en el transporte de mercancía ilícita. En ambos escenarios, el denominador común es la existencia de fallas graves en los sistemas de control.
En aviación, la legalidad de una aeronave no se limita a un documento vigente. Cada matrícula es una historia acumulada de propietarios, rutas, usos y riesgos.
Por eso, que el mismo número aparezca en un operativo antidrogas y en un vuelo civil con una figura pública no puede ser explicado como una simple casualidad.
Lo que más inquieta a la opinión pública es el silencio institucional. Hasta ahora, ninguna autoridad ha aclarado de forma contundente si se trata del mismo avión o de una duplicación de matrícula.

Esa ambigüedad, lejos de tranquilizar, erosiona la confianza ciudadana. En casos sensibles, el silencio nunca es neutral.
Especialistas en aviación advierten que la investigación corre el riesgo de quedarse en una zona cómoda. Analizar fallas técnicas, condiciones climáticas o errores humanos es indispensable, pero insuficiente.
Una investigación seria debe reconstruir la historia legal completa del avión desde 2022 hasta el día del accidente. Quién autorizó su operación. Quién certificó su estado técnico. Quién validó su documentación. Cada firma en ese proceso tiene un peso jurídico y moral.
Si la investigación se limita a motores y cabinas, será precisa en lo técnico pero superficial en lo estructural. Y en ese vacío es donde los sistemas criminales encuentran espacio para sobrevivir.
En toda esta historia, Yeison Jiménez no es un sospechoso, sino una víctima de circunstancias aún no esclarecidas.

Fue un ícono de la música popular colombiana, una voz que representó a millones de personas. Sus canciones hablaron de amor, de pérdidas, de esperanza y de heridas cotidianas. Ese legado no se borra por un vuelo trágico.
Pero precisamente por respeto a su memoria, la sociedad no puede esquivar las preguntas incómodas. Buscar la verdad no es difamar, es proteger la dignidad de un artista frente a la niebla de la sospecha. El silencio, cuando se disfraza de respeto, solo prolonga la incertidumbre.
La tragedia de Yeison Jiménez dejó de ser un asunto personal para convertirse en un espejo de la frágil frontera entre la aviación civil y el mundo del crimen organizado. Plantea preguntas sobre responsabilidad, transparencia y sobre el verdadero alcance del control estatal.
En una región que aún enfrenta redes de narcotráfico sofisticadas, cada falla en los sistemas de supervisión puede tener consecuencias irreparables.

Un avión no es solo un medio de transporte. Puede ser una herramienta, un símbolo y también una prueba.
Mientras no exista una explicación clara sobre la matrícula N325FA, este caso seguirá suspendido en el cielo colombiano como una pregunta sin respuesta. Una pregunta que no busca condenar, sino obligar al sistema a mirarse a sí mismo.
Yeison Jiménez se fue. Pero la historia de su último vuelo aún no ha terminado. Y quizá solo cuando la verdad sea nombrada sin miedo, esta tragedia podrá cerrarse de verdad.